sábado, 4 de mayo de 2013



                              Los cuentos que yo cuento,
                     son vidas paralelas que nacieron de mis espinas.

       Nacieron con mi acento
                                               entre panes y espigas.                          


                            Para poder contarle al buen Dios
                 
             que es el peor,
                                                             de los sueños,                                        
                                                                                                            que tuve en mi vida.



domingo, 28 de abril de 2013


              Eufóricos latidos en las canciones de cuna de mi vejez. Sonetos hechos acordes que vigilan las entradas de mis oídos. Con eso me atrevo a respirar, con eso me quedo a la mitad. A la mitad de las noches en vela que tengo y que tendré. Con un poco más me duermo y si me quitas una parte me despierto para cantar al alba las mil y una noches que acabé por perseguir bajo dunas de papel. Cambio risas por ataques de tos; de esos que nacen del centro de la cama, de los que te dejan sin respiración como si estuvieras en plena maratón hacia el viento; de esos que te arrebatan el alma.

             Casi llego al momento esperado, ese con el que sueñan los amantes de las lunas del placer; estuve a medio suspiro entre el infierno y el cielo y sin embargo quedé sumergido en el insólito universo del limbo. Casi me vi desesperado cuando vi pasar delante de mis ojos el tren del desatino; casi, casi, casi… Y digo casi porque vi que estaba en llamas; flores en un sinfín de desgañitados gritos hacia el horizonte, sin alegría ni vida mía que pudiera alegrarme los despertares.

             Hoy renazco una vez más para cambiar las migas del querer. Hoy me caigo del cielo para sumergirme en la pasión del que no se espera nada. Hoy tengo la suerte de que todo lo que tengo, lo quiero. Hoy puedo levantar la mirada y saber que no hay nada que me pueda hacer caer en el camino. Hoy soy yo, más yo que nunca. Hoy tengo más ganas de vivir que el que no ha nacido. Hoy, me despido, como más de una vez he escuchado ya, porque me quedo.


viernes, 26 de abril de 2013


                       Pienso que cuando dos personas coinciden en sentimientos no hay quimeras de amor que puedan con ellos, quizás sean los hechos, el caos y el vaivén del tiempo lo que hace ir erosionando los sentimientos y a las personas. Es difícil entrar en el corazón de cada cual y entender lo que otros ni si quiera saben explicar pero no es difícil entrar en el corazón de uno mismo; allí, donde las rarezas más grandes son verdades y donde el Sol se nubla ante los ojos de cualquiera, sólo nosotros somos capaces de entender lo que nuestro corazón, con cada latido, nos intenta decir. Terceras personas son terceros errores, ya que en una ecuación donde solo caben dos, siempre, una parte más, acaba destrozando el resto.
                     Quizás el problema es que nosotros, los humanos, en nuestra inmensa mayoría, no hemos aprendido a amar. Amar no es sexo, no es cariño, no son  ilusiones, ni si quiera son los sentimientos. Amor es todo esto unido, y mucho más; el problema es que tendemos a focalizar el amor en un apartado de nuestra vida. Groso error ya que ¿si el corazón solo atiende a sus razones, cómo va a atender a las que nosotros nos creamos? Mi consejo; amen, amen con el alma, sueñen con amor y amen soñando.

jueves, 25 de abril de 2013


                Escribo más allá del alma, donde se cuecen las nubes. En lugar donde no lucen las espadas. Camino sobre campos de sal que me envenenan los ojos, fluyo como si nacieran rastrojos de vida a mi alrededor. A veces giro inesperadamente para darle la vuelta a la situación. Otras veces sencillamente me dejo llevar por el río que emana de mis pensamientos, para poder ver si paso a paso, arrepentimiento a arrepentimiento, me entero de una cuarta parte de lo que ocurre aquí.
                Es un lugar extraño, nacen claveles del viento y mueren los árboles si mis suspiros llevan espinas. “Camina, camina” parece que rezan los animales que me apuntan con sus miradas. No entiendo nada, parece que los edificios van escalando en una trenza de azahar. Toco la poesía como si fuera el cuerpo de mis sueños. Pero es confuso. A veces noto que es ella la que me toca a mí. Más raro es cuando me caigo; tengo la sensación de una caída libre y a la vez la intranquilidad tranquila de la nada, esa que solo te puede dar un zulo. Parece que voy solo, como si no hubiera mundo y entonces me vuelvo mudo cuando veo que estoy rodeado de gente; sí gente. Gente que camina como si el mundo no les mirara.
                Es un hormigueo. Un constante pasatiempo inquieto que se afila en los tenores de mi garganta intentando explicarme que no son los corazones los que dictan sentencia. Mera apariencia pienso. Entonces pienso y opino y creo. Entonces me quedo quieto. Entonces salgo del sin fin de desvaríos de mi cabeza y me centro. Me paro y respiro. Sigo calada a calada apagando el humo de la calle; matando mi cuerpo, salvándome a mi. Contando las señales que nacen de las bocacalles de la ciudad. Cocinando los sentimientos, corriendo a través de los ojos, añadiéndole azúcar al mar, esquivando las rosas que me caen del cielo.

Yo he coleccionado de todo.
Coleccioné risas que sabían a mar,
amigos que pasaron sin parar,
azules grillos en mis bolsillos.
Llegué a coleccionar vicios que eran como el lodo.

Hace tiempo ya que aprendí
que hay ciertos desniveles en el cielo.
Que todo lo que he cogido
al final del camino
da igual que lo hubiese agarrado al vuelo.

También coleccioné gritos sin espanto,
agujeros negros en el alma
que solo se cosían
cada vez que aprendía
que no hay Dios que pueda con lo que desean las damas.

No tuve más remedio que aprender a ser un gato,
sin tierra ni madre
que me desate de lo que soy.
Qué más remedio que coleccionar amigos de sangre.
¡Qué remedio ser lo que somos!
Coleccionando personas,
forjadas en plomo.


También coleccioné experiencias triviales,
sueños que se fueron
y sueños que llegaron.
Acabé coleccionando festivales
en el corazón,
de esos que se afianzaron.
De esos que se quedaron.
Terminé por agarrar del pelo a la pasión.

jueves, 18 de abril de 2013


Me dan asco los romances que no son verdad, las espinas con sal, las bocas hambrientas sin besos que llevarse al paladar. Me dan miedo las mentiras piadosas, los raquetazos sin pelota; me asusta navegar cuando no es el viento quien maneja, no consigo dormir sin que nadie me mezca. 

           Me inquieto cuando no veo razón ni pensión en los corazones, cuando el cielo más gris que azul te recuerda que hay días que no sale el Sol. Me cabrean los matrimonios de conveniencia, las falsedades enlatadas al vacío. Me desplomo cuando son los aviones los que llegan más altos que las esperanzas. No me siento si me engañan, si me asustan, si juegan conmigo.

No respiro cuando aprietan los rayos del desconsuelo, cuando todo gira en torno a un quiero y no puedo; no me desmayo cuando me hace falta, sólo me oprimo cuando todo sobra, cuando hasta el todo estafa.

martes, 16 de abril de 2013


            En mi cuaderno tengo un par de rimas, siete miradas indiscretas y algún que otro canto al desasosiego. En mi cuaderno; allí donde se cuece y nace mi alma, brilla más el Sol que en cualquier parte del planeta. Cuando me sumerjo en él me encuentro a mí mismo, sin cadenas. Cuando llega el momento suspiro indiscretamente, me abro las espinas para calentar el corazón y me zambullo en el mar de mis sentimientos; como si de una buena tarde de verano se tratara. En él salgo, corro y conozco nuevas partes de mí. Él es el sustento; el hilo que hace que todo lo que sale de mi mente cobre un sentido estable, en papel.
            El idilio entre mi bolígrafo y yo es innato. Siento cada giro de mi mano como si cada sentimiento fluyera con ella, como si cada palabra que hago nacer fuera, en realidad, una creación mía. Es difícil de explicar cuando el simple hecho de escribir te llena, te abstrae del mundo y, lo más importante, te hace sentir útil. Útil, a veces, contigo mismo ya que, en más de una ocasión, me he dado la respuesta a un teorema a base de palabras cogidas al vuelo.
            Cuanto más crezco, (dentro de mi, evidentemente, corta edad) soy más consciente de que mi mundo, el natural, no es más que la plasmación en realidad de lo que vivo yo, o cualquier persona, con el papel. Por suerte o por desgracia, todos vivimos encuadernados, dentro de unas bases físicas heredaras por el azar y que, en apariencia, no nos permite hacer más de lo que se nos dice. Algunos se encuadernan en dramas, otros en el amor, algunos en la vida laboral y otros simplemente se conforman y ni piensan en qué o para qué viven. A veces todo parece perdido; totalmente establecido en base a un camino elegido más allá de lo que podamos o no hacer, podamos o no querer. Pero, al igual que mi cuaderno, sí que podemos coger la realidad y cambiarla; al igual que un simple cuaderno de matemáticas se puede convertir en el mundo de mis emociones.
La clave es muy simple. No es el cuaderno el que determina al que escribe en él. Es el trazado de la tinta perteneciente a la línea de nuestra vida (esa que nosotros pintamos) lo que le da el valor al cuaderno.