jueves, 23 de mayo de 2019

Verbo pronunciando un sujeto.
Luz de noche.
Amuleto.
Suspiros.
Sonrisa enlatada.
Del final, el broche.
Sensación de alivio.
Gata enamorada.
Tus pies, música.
Tu peso, en mi pecho.
Tus manos, lúdicas.
Miramos al techo.
Labios de cera.
Manos al vuelo.
Brazos a la espalda.
Tú, consuelo.
Mis ojos que queman.
Dos soles que observan.
Reloj que se para.
Andares que frenan.
Ignorar el teléfono.
Volver a las andadas.
Viajar a espantadas.
Vivir sin alérgenos. 

martes, 21 de mayo de 2019

Las canas que van naciendo
se miran de reojo,
se preguntan qué están haciendo,
quién es la chica por la que me sonrojo.

Las tardes se van
y cuanto más la miro, más me mira.
Su cintura dibuja un refrán
cada vez que la acaricio por encima de las rodillas.

Y si me callo, ella no habla.
Y si me levanto, me sigue.
Cuando subo, baja.
Si me despido, no sonríe.

Y así cada día impar,
para que los pares, rechisten.
De entre sus dedos se escapa la sal
que acaba en el mar y los arrecifes.

Seda, piel de seda.
Ojitos que se clavan en mis ojos,
por color el de nuestras noches en vela.
Mi razón que ya no es un despojo.

El sol se despierta por ella
y la luna alumbra porque la busca.
De sus piernas nace la naturaleza
y se alimentan un par de musas.

Sus besos saben despertar
al más cansado de los corazones dormidos.
Súmale su boca de pan
y comprenderás mis suspiros.

Pasé una vida
de la oliva
a la miel.
Y resultó ser tu cálido invierno
en la piel
el que me iba a convencer.

Y eso que sigo sin creer en nada.
Nada que no seas tú.
Tú en este mar en calma.

Cuando quieras jugamos a no crecer.
Total, ya es tuya mi alma.




lunes, 20 de mayo de 2019

Damas y caballeros,
vengo del médico del corazón,
que dice que del infarto de aquel febrero
me ha revertido el colesterol.
¿Y ahora dónde meto el bono del gimnasio?
No hará falta ir despacio,
y qué sé yo.

He llegado a casa y adivinen,
todo parecía de cine.
Todo sin hacer y la dueña fuera.
Era la mía para aprender a cocinar
y antes de que llegara se me quemó la cena.
"No te mereces ni el aire que respiras",
mira chica, solo fueron dos palabras
y no fui yo el que la besó.
¿Pero qué quieres que te diga
si hay mentiras que huelen a verdad
y en mitad de un mal te quiero
solo caben las caricias que no me das?

Total, que aquella noche dormí fuera,
qué podía hacer si volaron sartenes por la escalera.
Al principio pasé frío y con razón.
Pero pronto me di cuenta que cambié del invierno al verano
como lo hace mi gata al cambiar de habitación.
No es que ganara un hijo es que perdí un cuarto de baño al roquefort.

Y antes de mi, pobre el sin fin.
Que se acaba viendo que le cogen por el retrovisor.
No os molesto más
que la barra del bar me vuelve pesado.
Y la última vez que me emborraché
a más de uno le conté
con quién acabé acostado.

viernes, 17 de mayo de 2019

Quería contaros que cuando me mira me late el corazón,
que sus manos me quitan la sed y que hasta los lunes son viernes si está ella.
Quería hacerlo en varios idiomas, pegado a una botella, sin comas, para que así me entiendan las estrellas.

Quería explicaros que es de tez clara, que le gusta caminar entre bambalinas y que no le tiene miedo a nada.
Que en su pelo de noche clara podría dormir yo si no fuera por los temblores que me provoca su cuello.

Ahora que me escucháis, deciros, que sus ojos son dos perlas nacidas en invierno,
que no hay gloria que no pase por sus cuentos,
que escribir merece la pena solo por hablar de sus gestos.

Ahora que os la presento veo en vuestros ojos el reflejo del que nace.
Ahora que os saluda entendéis porqué hoy vivo en carnavales.

Ahora, miradla. Es diamante en bruto, oro.
Poesía, sueños, alegría, belleza. Pura belleza.
Y ahora, miradme. Mirad esta sonrisa que nace en un sueño y muere en estas letras.

Porque cuando pienso en ella me veo en un lugar oscuro en el que solo estamos los dos.
Ella me mira.
Yo le aguanto la mirada.
Me tiende la mano y cuando la cojo, se ha ido.
Siempre está tres metros después,
tocando las puertas del olvido.

Creo que suena el despertador.
Sí, todos se han ido.
He vuelto a soñar con que estabas a mi alrededor.
Mañana te volveré a presentar a mis amigos.
Se despierta desconcertado por la misma luz de cada día,
y eso que son las tres de la tarde,
y otra vez suena el tranvía.
Mira el teléfono, duda de que allí estuviera.
A estas alturas no recuerda si fue él
o la que le invitó a marcharse, fue ella.

Se pone la camisa, se peina,
anda deprisa,
se frena.
"¿Dónde carajo tengo la cartera?"
La puerta que está cerrada
y la ventana que suena.

En su cabeza aún se oyen los brindis de horas atrás.
Y unas cuantas preguntan rondan su cabello.
Está quieto en mitad de la habitación.
De ayer no quedan ni los mecheros.

"Morenas", se dice. Y sigue.
"Serrat tenía razón en sus cartas", piensa.
Mientras se sienta de nuevo en la cama
a soñar que ella sueña despierta.
Con él.
Aunque sea un rato.

Enciende la tele, cambia de canal, la apaga,
bebe agua, se aprieta el cinturón y se pone los zapatos.
"Esto parece un hotel".
La borrachera duele como un palazo.
Pero más le duele la sensación de haber perdido
lo que realmente nunca ha encontrado.

Ella al alba se fue.
Él aún no la ha llamado.
Ella, nube de terciopelo imposible de coger.
Él, niño mudo enamorado.


lunes, 29 de abril de 2019

Duerme mi niña al ladito de la playa,
volando por la arena,
desperezándose entre las dunas.
Duerme mi niña soñando que soñaba,
frunciendo las cejas,
reflejándose en la Luna.

Descansa con el alma llena
y las manos desnudas,
buscando al Sol que la calienta
mientras el cielo la alumbra.
Tiene los ojos cerraditos como almejitas por crecer,
la boca dormida en un suspiro,
y de gallina la piel.

Descansa lo que le deben,
se alimenta del bien.
Su pelo nunca se enreda,
está hecho de gel.
Y entre sus piernas guarda un caramelo
para quien la sepa querer.

Empieza a hacer frío y su manta es demasiado fina.
Por eso me cuelo por su ventana
para darle la mía.
Por la mañana se despierta
y yo me escondo en la cocina.
No quiero que me vea
o me robará el alma mía.
Solo busco quitarle el frío,
para que descanse toda la vida.

Duerme mi niña al ladito de la playa.
Y yo la vigilo por si se resfría.
Hace guardia mi corazón en su mesilla
regalándole todos sus latidos
y robándole las pesadillas.



sábado, 27 de abril de 2019

Ese cuarto era una enredadera y me quemó, eras fuego. Lejos de tus causas perdidas te desesperas. Te ahogas en ti, aunque no quieras. Sus ojos te miraban como lo que eran, miel. Y volaron como lo que son, estrellas.

Me perdí en un instante. No supe qué hacer. Por los pasillos me encuentro de vez en cuando preguntándole a mi yo de ayer si fue lo suficientemente listo, amoroso, bueno, cariñoso, yo; y el muy cabrón no hace más que apartarme la mirada.

Me escuece tu pelo, tu forma de hablar, cómo caminas, cómo ríes. Me escuecen tus manos, tus dulces manos. Me ahogan. Me escuece pensar en ti, en cómo viniste, en cómo te fuiste. Eras agua dando vida y yo sequía. Me escuecen tus labios de seda hasta cuando no los leo. Me quema no oir tu melódica voz antes de ir a dormir. Me enveneno con mi propio recuerdo, siendo entonces nuestro, y ahora, solo mío. Me pierdo en lo que iba a ser, como si aterrizara en un país sin idioma. Me refugio en el recuerdo de cómo me besabas, me hablabas, me hacías sentir; sabiendo que todo saldrá ardiendo.

Me escuece tu ausencia como una palabra vacía. Me rompo cada mañana al despertar como un témpano de hielo a las puertas del verano. Me falta el aire cuando la espero al otro lado de la puerta, al otro lado de la cama, al otro lado de la vida. Y no está. Y no estás.

Porque hay vacíos que se crean para no rellenarse. Porque hay heridas que te llegan para que las abraces como hermanas de sangre. Vivo en un callejón sin salida.

Lo era todo y ahora no hay nada. Ella, el cielo. Y lo demás. Lo demás no importa.