miércoles, 12 de junio de 2019

Siempre está en mi mente acosándome,
preguntándome cómo me ha ido el día,
a veces ignorándome.
Se pasea por mis recuerdos y me atrapa como una enredadera
para luego colarse por mi ventana en forma de alguna canción.
Siempre que puede me recuerda que no tiene compasión.
Y yo hago lo que puedo por seguir respirando.

Yo no la busco pero ella siempre me encuentra.
Sabe por qué calles ando,
y más si estoy de juerga.
Me cuida, aunque esté lejos.
No la quise cuando estuvo cerca.
Tiene el don hasta de escuchar a los que no hablan,
de volver loco al que nunca perdió la cabeza.
Es increíble, en todos los aspectos.
Y yo, me limito a observarla como haría cualquier entendido en la materia.

Su acento es el deje que entreteje el amor entre la luna y el sol.
"No nos tocamos pero nos sentimos".
Tiene una profundidad en su mar claro que atraparía al mejor nadador.
Su corazón, siempre en alerta, me chivatea de vez en cuando algún que otro secreto.
Y a mi, eso, me devuelve a la vida
por momentos.

Cómo reía, cómo caminaba,
cómo bromeaba, cómo jugaba con su pelo.
Cómo la ignoraba y cómo la anhelo.
Cómo me gusta, cómo nos llamamos.
Cómo se va y viene. Cómo me mato.
Cómo iría a por ella.
Cómo la tengo tan allí.
Cómo la siento tras la puerta
cuando quiero salir
junto a la pared que manchamos.
Cómo está y no está.
Cómo me pierdo.
"¿A qué hora sales de trabajar?"
"Hoy no toca, cielo".
Cómo sobrevive a la semana.
Cómo late su corazón.
Cómo se lame las heridas con ganas.
Cómo vuela al por menor.
Cómo se pasa de Madrid a Venus,
cómo sueña.
Cómo me la imagino tomando el sol,
cómo deja mi boca seca.





domingo, 9 de junio de 2019

Me tiene demasiado loco.
Perdería los dedos por acariciar sus piernas todos los días,
cada minuto,
aunque sea un poco.

Saltaría por sus nudillos,
esquiaría por su espalda,
me bebería su costado.
Le hablaría lentito al oído
contándole mis ganas
de soñar a su lado.

Cada segundo sería un beso.
Pintaría el mar del color de su piel.
Mi trabajo sería construirle versos.
Abriría todos los caminos que se me cierran
por volverla a ver.
Y todo sin quitarle el ojo a sus lunares.

Si tuviera la oportunidad me perdería en su pelo,
la abrazaría cuando se sintiera desnuda,
sería su eterno consuelo.
Haría de sus pechos, mis altares.

En sus pestañas hay más vida que en el sistema solar
y eso que son cortitas.
Su iris marrón sabe hablar
sobre todo si le borbotea una sonrisa.

Parece que nació para hacerme reír.
Desde que la conocí
me cuelgo de sus hombros siempre que puedo.
Correría hasta ella cada despertar
si no fuera porque me hace sentir los pies lejos del suelo.

Bajo su jersey esconde una verdad
que guarda su corazón
y proteje sus dudas.
Es su boca la que sabe besar
como lo hace la vida
cuando te educa.

miércoles, 5 de junio de 2019

Aquí donde yo vivo.

El aire está quemado.
El suelo amarillo.
Aquí donde yo vivo.
Los árboles se han deshidratado.
La muerte sube por los tobillos.

Los pájaros no tienen donde descansar.
Los insectos se acumulan bajo las piedras.
Los rastrojos sueñan con volar
aunque vivan entre la mierda.

Hace meses que no cae una gota de agua.
Los pozos están vacíos.
Las malas hierbas desean ser algas
solo por experimentar un poco de frío.

Y en medio yo,
que escribo.
Arrancándome el corazón
y dejándolo entre estos olivos.
Voy desapareciendo sin perdón,
relacionando soledad contigo.
Porque vivir sin ti
es como sobrevivir aquí,
todos los días,
solo conmigo.




viernes, 31 de mayo de 2019

Tú te ahogaste en mi no forma de ser.
Yo acabé acusando el traspiés.
Nos pasamos
o no llegamos.
Vete tú a saber.
Lo que importa es que estamos fuera.
Y que cuesta
volver a creer.

No es que estuviera hundido,
andaba en otros niveles.
No es que no quisieras,
es que estabas en otros vaivenes.
Paseabas de lado,
yo mareado:
"Mira, no te puedo ayudar".
"A ver si nos vamos de fiesta".
"No, cariño,
la siesta
me sentó fatal".

Saliste escardada de no poder andar,
yo en mi cueva aprendía a jugar,
y ahora volamos
condenados
a no volvernos a besar.
¿Por qué no paramos quietos?
Es sencillo,
era la hora de cerrar.

Cada vez que te has roto
he puesto una vela en tu nombre.
De baile en baile
me volví loco
y, a tu costa,
metí mi corazón en un sobre
y lo mandé
a la tierra seca
donde van a morir las notas.

Y a estas horas ya no me lees.
Y por estos días me caso con todas
las olas de "la mer"
para divorciarme a la noche.
Confundí tu sonrisa
con la luz de los coches.
Casi me mato
por sentir que eras perfecta
como la Mona Lisa.

Tú piensas que yo soy una persona que no soy.
Yo me pierdo sabiendo que somos para los dos.
Pero qué más da,
nunca tuve perdón.
Nadie miró por el ayer ni el mañana, se condenó el hoy.
Casi me salvo
a contrabando
pero me quisiste disparar.
Hace tiempo que dejamos de hablar,
pero no me pidas que pare de cantar.
Si no me quieres ver,
correveidiles.
Porque yo sí voy a saltar.

No es mi culpa que abandonaras
justo antes de llegar a la meta.
No es mi culpa que decidieras fallar.
No controlo ni mi mal ni tus penas.
Solo sé que no me vas a encontrar
ni al final del camino
ni a favor de un te quiero.
Y es una lástima
porque tuviste mi cielo.
Y ahora se pasó la página,
se quemó el hielo.
Y de todo lo que tengo
solo me quedan un par de "no puedo"
para vender.
No digas nada,
sola lo puedes entender.


jueves, 30 de mayo de 2019

Lo siento.

Son las siete de la mañana y no ha amanecido.
Suenan los buitres desde sus ramas.
El equipaje sigue en la maleta.
Cruje la cama.
Se queman las casetas.
Se escucha la canción del principio.
Me quema su espalda.
Me giro.
Vuelven mis fantasmas.
Vuelan los aviones.
Mueren las opiniones.
Huele a Praga.
Cristales de bohemia.
Hostales.
Epidemia.
"¿Quieres un par de postales?"
Arde la sala.
El cine no fue tan mal.
"Me gustan tus lunares."
Sudamos sal.
¿Hay que volver a empezar?
El coche en la puerta.
La señora de la limpieza.
El humo, concentrado.
Automático.
Tocar.
"Eres azucena."
El afán del feliz por la tristeza.
Corazón condenado.
"¿Nos vemos mañana?"
"No sé, morena, veremos."
La cara lavada.
Ojos que marcan el paso.
No será lo que seremos.
Flirteo en lava.
Me vales a ratos.
El sol que saluda.
Volcanes.
La puerta que deslumbra.
Yo y los huracanes.
Tú y las complicaciones.
Nosotros anclados en un mar de inundaciones.
Me llamas y no te veo.
Y colgando entre nuestra ropa
un deseo.
El suyo que se cumple,
el mío que dura lo que duran estas cosas.
Cuando perdiste tu vestido de rosas
se cerró la ventana.
No me malinterpretes.
Todo es lo que es.
Ya nada vale nada.
Lo siento.
Solo sé mentir cuando me da la gana.


martes, 28 de mayo de 2019

Bragas y un proyector.

Marina siempre olvidaba regar las flores,
para eso siempre llegaba yo.
Y ya en el crepúsculo de sus dioses
todos reconocen
que ya no entro ni con calzador.

El despertador la levanta temprano,
tiene un millar de cosas por hacer.
Dentro del estrés de su trabajo
encontró un par de brazos
que cuando quiere le llevan el té.

Una estrellita se despierta apuntando a su cama,
de noche en pijama,
la quiere hasta enloquecer.
Y a la misma hora siete madrugadas por semana
agoniza mi persiana
por no poderles tener.

Baja escalones de tres en tres.
Me prometió un mundo,
un par de ascensores
y sus ojos de miel.
Y acabé con el pagarés en el suelo,
un gran desconsuelo
y una deuda en el bar de ayer.

En el fondo nada fue lo que fue.
Yo esperaba
unas bragas
y un proyector.
Y aquí estoy escribiendo versos
sin almendras y con ardor.

De lo poco que tenía
no me arrepiento de habérselo dado todo.
La amaba con locura,
por ella nadé en lodo.
Mi Marina era hermosura,
de la cabeza a los piés,
de codo a codo.
Let it be, my friend.

Y unos años después
vuelvo a tener sombrero.
Y el corazón con agujeros
como un queso de gruyere.
Aquí no estoy pero me quedo
me oigo al despertar.
Mi piel de neopreno
se enfría por no echarse a secar
mientras mis ojos miran mi cielo
y yo me paseo
entre tu recuerdo
y su forma de besar.

Lo primero que busqué al perderla fue encontrarla.
Luego acepté que se había ido.
No era un punto y aparte.
Se fue a donde habita el olvido.
Y ahora me centro en aceptarla
como un amor vencido.

Marina quita el hipo
dos veces por minuto.
Cuando quiere le para el viento
al más difunto
de los contentos.
Marina si quiere, es tu tiempo.

Y ya el mío está consumido.








lunes, 27 de mayo de 2019

Te echo de menos.

Te echo de menos cuando camino por la acera,
cuando brindo con vino
o juego en la arena.
Lo hago a deshora,
con el corazón haciéndome el pino.
Te echo de menos, a solas.

Cuando llueve,
cuando oigo a alguien cantar,
si me cambian de idioma,
cualquier día a las nueve,
o si duermo con otra.
Lo hago aunque me duelas,
como se hacen estas cosas.

Te echo de menos hasta en primavera.
Donde mi mente no piensa.
Lo hago cuando sonrío
y cuando no.
Te imagino riendo
como solíamos hacer los dos.
Y te echo de menos sin remedio.

Voy a hacer la compra y lo hago,
salgo al cine y eres mis palomitas.
Si ceno, me atraganto
porque se me cierran hasta las costillas.

Estás en los ojos, el tren,
en el sol, en mis despojos,
hasta en mi fe.
Te echo de menos cuando te sueño
y solo duermo para volverte a ver.

Echo de menos no echarte de menos.
Hasta tus gritos me parecen poesía.
Tu piel.
Tu forma de ser.

Se me va la vida.

No puedo seguir escribiendo,
este papel no aguanta mis mejillas.
Te echo de menos, ahora,
mientras firmo mi despedida.
Quizás volvamos a nacer
con la lección aprendida.
Pero hoy toca remar,
remar hasta conseguir quererte
tan solo a escondidas.